La dos caras de la ciencia
Saturday, January 29, 2011 at 08:28AM
Richard Levins in Marxism, Spanish Language

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LAS DOS CARAS DE LA CIENCIA                                            Richard Levins Harvard School of Public Health

 sometido a Entretextos 1/2011

La ciencia moderna es un episodio en la historia del conocimiento. Todo conocimiento viene de la experiencia y reflexión sobre esta experiencia a la luz de experiencia previa. Pero la ciencia es algo más: una etapa en nuestra evolución cuando se separan recursos, personas, e instituciones con el propósito explicito de averiguar. Y cada vez que la humanidad se involucra con materias o procesos nuevos, se plantea mas cosas para averiguar. La selección de variedades de cultivos nos dio la genética, la navegación y la agricultura nos dieron la astronomía, el motor a vapor nos dio la termodinámica. Por eso, la ciencia representa el desarrollo de nuestro conocimiento como una especie.

Pero también es el producto de la industria del conocimiento, y como toda industria está formado por sus dueños. En diferentes periodos y culturas los dueños fueron diferentes: los sacerdotes de Mesopotamia y Yucatán, los patrones nobles de los astrónomos de la corte medioeval europea, las corporaciones capitalistas interesadas solamente en ciencia como mercancía, gobiernos revolucionarios que la ven para su uso productivo y como parte de la  cultura. Los dueños determinan quiénes se reclutan para ser científicos, sus agendas de investigación, los medios de investigación y de enjuiciar los resultados, las teorías que se permiten proponer y las que prohíben, y los usos de sus resultados. Por eso, la ciencia es a la vez un acercamiento hacia la objetividad y la visión de la clase dominante. Está formado por la filosofía dominante y también la forma. Los grandes centros de la educación y la investigación fueron cómplices en la esclavitud, el racismo, propagaron la inferioridad de las mujeres, la eugénica y las justificaciones para el imperialismo, y psiquiatras fungían de consultores en la tortura, pero también criaderos de la resistencia.

            En el mundo actual, e especialmente en los Estados Unidos, vemos una ola de la anti-ciencia. Una alta proporción del público rechaza la evolución y duda la realidad del cambio de clima o el papel humano en el fenómeno.

La derecha política ha lanzado una campaña contra la educación pública. La educación pública había democratizada después de la segunda guerra mundial con el GI Bill of Rights. Millones de soldaos desmovilizados acudieron a los colegios e universidades. Con las luchas de derechos civiles los afro-americanos tumbaron las barreras formales. Por el otro lado reconocen que necesitan la tecnología. Su problema pues es promover la ciencia aplicada a la vez que borrar la Ilustración con su escepticismo hacia las autoridades y su apertura intelectual mientras producir innovadores estrechos para la industria y el Pentágono. Para la mayoría del pueblo el nivel de educación ha bajado mientras vemos la proliferación de colegios comerciales, diplomas por correo, clases con mayores números de estudiantes, profesores cada vez mas proletarizados, menos seguros, con peores salarios y tareas más grandes. Separan las ciencias naturales a las sociales, y toda la ciencia a las humanidades. La universidad se aproxima cada vez más a un negocio.

Dentro de las ciencia natural, promueven la fragmentación y un reduccionismo que pretende que mientras más pequeño el objeto de estudio, mas “fundamental” es. Se pueden encontrar estudiantes de la biología que nunca han pisado la hojarasca de un bosque o observaban en sus actividades naturales los organismos cuyos hígados han manejados con reactivos en los homogeneados del laboratorio. Esta fragmentación del conocimiento coexiste con llamados hacia la integración, programas inter-, tras- o no disciplinarios, revistas y simposios y hasta institutos  de la complejidad.

El resultado es, un conocimiento cada vez más racional y profundo en lo pequeño, a nivel del laboratorio, junto con mayor irracionalidad y superficialidad a nivel de la empresa como un todo y una postura al umbral de la complejidad sin cruzarlo plenamente.

La defensa de la ciencia contra el nuevo oscurantismo no puede basarse en pretensiones de la infalibilidad de la ciencia sino en presentarla como es. Hay que reconocer que a la larga toda teoría esta falsa. Tiene que ser así: estudiamos lo desconocido tratándolo como si fuera como lo conocido. No tenemos remedio. Y lo desconocido se parece a lo conocido suficientemente para que la ciencia sea posible. Pero es tan diferente que la ciencia es necesaria. Como un isótopo, una teoría tiene una media-vida antes que se desplace con otra mejor.  Pero teorías buenas tiene una verdad relativa que alumbran, identifican áreas de desconocimiento, desenmascaran errores.  Reconocer la validez provisional de la ciencia no es solamente imprescindible, también es bello. El buen científico no tiene el orgullo de tener la razón sino de estar abierto a sorpresa.

Si es así, si el error es parte del proceso científico, una tarea de la ciencia es estudiar los errores e inventar métodos para evitarlos. El llamado método científico tiene procedimientos para evitar o corregir los errores individuales, idiosincráticos: hay que tener las placas limpias contra la contaminación; un experimento necesita un control muy parecido a los objetos en el experimento para comparar; hace falta procedimientos estadísticas para diferenciar diferencias verídicas a casuales. Sabemos que el experimentador influye el experimento, pues diseñamos experimentos a ciegos (ni el paciente ni el administrador de las píldoras debe saber quien recibe el placebo). Y como un lugar particular o la coyuntura pasadera pueden influir los resultados, se puede replicar el experimento en diferentes laboratorios. Por fin, se somete el informe a reseña por colegas quienes pueden identificar factores que no se han tomado en cuenta o errores de procedimiento.

Eso funciona más o menos bien para identificar los errores idiosincráticos y desenmascarar los fraudes científicos, pero son inútiles frente a los errores compartidos entre todos en la comunidad científica. Estos surgen de tres fuentes mayores: la economía política de la producción intelectual, que ha convertido a la ciencia en mercancía; la fragmentación e jerarquización institucional de los conocimientos; y la filosofía reduccionista que concuerda tan cómodamente con el capitalismo.

 Los errores compartidos más típicos de este tipo son:                              Plantear el problema muy estrechamente. Cuando se hace así, las explicaciones de un fenómeno vienen desde afuera. Lo mejor que podemos hacer es identificar “variables independientes” y asociarlos con los fenómenos de interés con un análisis de regresión estadística. Pero no se explica a qué se deben los variables independientes. Y si en realidad los variables independientes y dependientes estén ligados en un ciclo de retroacción, se puede confundir por completo. Vamos a estudiar la relación entre la producción y los precios de los alimentos. El modelo es que fallas en la producción debido a sequías o inundaciones o plagas reducen la producción, resultando en un alza de precios y por lo tanto en el hambre. Más, genera una correlación negativa entre los precios y la producción.



 

 

 

 

 

 

Figura1 La retroacción entre la producción y los precios. Una flecha aguda indica un efecto positivo. Una flecha con punto redondo indica un efecto negativo. El ciclo de retroacción es negativa, el producto de los signos de sus vínculos.

Este modelo es útil porque revela cómo funciona la retroacción negativa y explica cómo el análisis estadístico puede engañar. Pero se puede criticar porque no incluye otros elementos, no separa los precios recibidos por el productor a los pagados por el consumidor. Y la idea que la producción reduce precios es uno de sentido común solamente en una sociedad de mercado. Bajo el feudalismo, los precios a corto plazo fueron fijados más por costumbre y bajo el socialismo por política social.

Pero un alza de precios aumenta la producción, generando una correlación positiva. Cuando tanto las condiciones de producción y los precios en la economía general varían, podemos ver correlaciones positivas, negativas, o ninguna correlación aun cuando interaccionan muy fuertemente. En el mercado internacional, la correlación está positiva, indicando que la variación en los precios más que las condiciones de producción empujan el sistema.

 Eso es un fenómeno de la retroacción negativa (el signo de la retroacción es el producto de los signos de los vínculos). Opera en muchos sistemas: en la relación de depredador y presa, la glucosa y la insulina, una epidemia y la intervención médica, la ansiedad y la glucosa. Entender la retroacción (tanto positiva como negativa) es un paso elemental hacia un enfoque de la complejidad.

Otro error es tratar como mutuamente exclusivo tales opuestos como biológico/social, fisiológico/psicológico, genético/ambiental, determinista/aleatorio, intelectual/emocional, libre/determinado, orden/caos, interno/externo (una influencia externa es muy comúnmente interno a un objeto más grande). Aquí lo importante no es asignar pesos relativos a los dos variables como “factores “sino estudiar su dependencia reciproca.

En la historia de la ciencia, nos ha sorprendido muchas veces a descubrir que los que vimos como constante y fijos resultan ser variable. Los huesos no son suportes pasivos al cuerpo sino muy activo en la formación de la sangre. La grasa en el cuerpo, más que el almacén de energía  es muy activa metabólicamente. Los nervios pueden regenerar. El cerebro puede reubicar función. Los genes cambian su actividad según su ambiente. Los oprimidos pueden rebelar. El mismo Ser, el Yo de la sicología, tampoco es un constante fijo que tenemos que excavar de por debajo de la basura que la sociedad ha tirado encima, sino una obra en el progreso que podemos nutrir: “Somos lo que hacemos, y sobre todo lo que hacemos para cambiar lo que somos”(Eduardo Galeano).Las especies cambian. Los sistemas sociales son pasaderos, etapas en la sucesión de sociedades. El cambio es tan universal que podemos decir que “las cosas” son fotos instantáneas de los procesos. Entonces, hay que entrar más en el estudio del proceso como tal, que se aplica tanto a procesos naturales como sociales. La actitud newtoniana tomaba el equilibrio como la condición natural de las cosas, y el movimiento es algo que hay que explicar con fuerzas externas. El acercamiento dialéctico es lo opuesto: el cambio es la condición “natural” y el equilibrio tiene que explicarse. 

El estudio matemático de procesos no lineares ha demostrado que aun sin influencias externas un proceso sencillo puede resultar en movimiento permanente, o periódico o lo que llaman caos. Pero no es necesario ser matemático. La tarea de la matemática es educar la intuición para que lo arcano se haga obvio y hasta trivial. Una vez que se hace, podemos ver un sistema y decir que su inestabilidad viene de retroacciones positivas, o negativas con demoras, u otras combinaciones de retroacciones. Podemos preguntar porque el mismo proceso puede resultar en consecuencias opuestas, porque un medicamento que energiza también puede ser calmante, cómo la persistencia de la ansiedad después de un incidente de estrés puede influir el efecto de la insulina sobre la glucosa, porqué un episodio de represión policiaca puede provocar tanto la furia y el temor, la resistencia y la pasividad.

Las cosas que nos interesan tienen más conexiones que imaginamos. En vez de plantear un problema en sus términos mínimos, extraído de su contexto, y tratado como constante, es más útil empezar con el problema tan grande que una solución quepa, examinar conexiones que de primera intención pueden aparecer absurdas, para después justificar la simplificación provisional y después volver al todo.

Tenemos que reconocer que los fenómenos del mundo existen en diferentes niveles de organización a la vez, y ningún nivel es más fundamental que los otros. Las moléculas determinan las reacciones químicas dentro de la células, pero la evolución del cuerpo determinan cuales moléculas están ahí en las células y el estado de ánimo puede guiar la actividad celular. La estructura del cerebro hace posible nuestros pensamientos pero no los determinan (como la cuadra telefónica facilita la conversación pero no determina lo que decimos). A cada nivel, tenemos dinámicas propias pero ligadas a los otros niveles.

Finalmente, podemos virar todos las perspicacias de la crítica de la ciencia hacia nosotros mismos: si entendamos el patrón de conocimiento e ignorancia en la ciencia contemporánea, cómo se formó su agenda actual, donde es más acertada y donde falaz, y si examinemos la procedencia de nuestros propios pensamientos y preferencias intelectuales, si reconocemos nuestra estética investigativa, estamos en mejor condición de guiar nuestro trabajo conscientemente, congruente con nuestros valores. Y así podemos a la vez defender y criticar la ciencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Article originally appeared on Richard Levins - Human Ecology (http://www.richardlevins.com/).
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